miércoles, noviembre 25, 2020

Un cambio se viene gestando a nuestras espaldas

Cada fin de año... Cada proximidad a nuestro cumpleaños... sentimos que dejamos algo atrás. Como si de repente, una fecha cumpliera la función de varita mágica, de portal que nos haga dejar atrás un pasado que ya caducó, que pereció o que envejeció a un nivel tal que nada fértil queda ahí. Ese portal nos lleva a lo nuevo, a un nuevo comienzo, lleno de posibilidades y esperanzas, como que de golpe ponemos todas nuestras espectativas en que ese momento va a traernos el renacer que vemos en la primavera. Y así comenzamos un nuevo ciclo, y nos sentimos mejores o más alegres.

Pero lo cierto es... que no podemos hacer un borrón y cuenta nueva por más que queramos. Porque si decidimos tirar por el inodoro todo aquello que queremos olvidar... ni bien terminas de tirar la cadena, te das vuelta y sin darte cuenta la vida te lo pone en frente de nuevo.

Entonces... ¿Estamos condenadxs a vivir en un ciclo de repeticiones?

Yo creo que no. Yo creo que lo importante es, antes de cruzar ese portal... revisar todo lo bueno y lo malo que sucedió en ese año a tener en cuenta... poder ser conscientes de nuestro rol en esos momentos y pensar en armar un plan para poder pulir todo eso... sacarle brillo... así como se trabaja a un diamante para hacerlo hermoso, para pasarlo a otro nivel.

Dicen que "Nadie te quita lo bailado" y es verdad... todo lo bueno y lo malo que nos pasa marca un antes y un después en varios aspectos... pero tomarlo con nuestras manos y transmutarlo, pasarlo a un siguiente nivel... ESO hace que un año nuevo o un cumpleaños no sea sinónimo de cambio... sino de evolución. 

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