Muchas veces pasa que alguien en confiábamos nos traiciona. Ya sea una infidelidad, una mentira gigantesca o algo similar... y si, nos sentimos decepcionadxs, no podemos creer como pudimos haber confiado en alguien así. Nos preguntamos: ¿Cómo no nos dimos cuenta? ¿Cómo no lo vimos? O no lo vimos venir.
Nos sentimos ridículxs y estúpidxs por haber confiado en alguien y que las cosas resultaron diferentes a lo esperado.
Pero también está la verdad de que... quien estuvo en falta fue el otro, de que en realidad... quien falló fue el otro o la otra. Por no haber sido fiel así mismx. Y eso es un auto-gol del cual nosotrxs no tenemos nada que ver, del cual no formamos parte. Sólo somos espectadorxs de ver como al otro/a se le cayó la máscara. Ver como su mentira no pudo sostenerse así misma.
No quita el hecho de que nos duela. Porque algunas verdades siempre duelen. Pero sí es importante saber esto para evitarnos la preguntas del: ¿En qué fallé? ¿Qué hice yo para merecer esto? ¿Y si hubiera hecho tal y cual cosa esto hubiese sido mejor? O al menos... ¿Lo hubiese evitado?
Jamás lo sabremos, y aunque lo sepamos con el tiempo... ¿Por qué nunca nos lo dijeron? Y ahí si por lo menos quizás las situaciones hubiesen sido diferentes.
Hay dolores inevitables, eso es cierto. Pero lo importante de todo esto es que dentro de todo lo malo de la situación es poder sentirse orgullosxs de que nosotrxs jugamos nuestras mejores cartas y que valemos por eso. Así que al final del día, eso siempre es un punto para nosotrxs..